
La necesidad de crear
Desde niño me he rodeado de artistas en potencia y, con el tiempo, de artistas dedicados. Algunos han sido más talentosos que otros; unos me inspiraron profundamente, mientras que otros me exigieron mucho de mí mismo, hasta el punto de hacerme llorar por mi mediocridad, por mi falta de profesionalismo o por no haberme entregado lo suficiente. Sin embargo, había algo que la mayoría tenía en común: un amor profundo y una verdadera pasión por crear, ya fuera haciendo música, pintando, actuando, escribiendo o explorando cualquier otra forma de expresión artística.
A lo largo de los años he visto diferentes historias. He conocido artistas con muchísimo talento que nunca llegaron a ganar un solo centavo con su música o con su obra. Otros llevan años esperando y todavía conservan la esperanza de que algún día podrán vivir de aquello que aman. También me tocó ver a muchos abandonar la carrera artística porque tuvieron que pensar en sus familias, asumir responsabilidades y comenzar a generar ingresos. Algunos regresaron diez, quince o veinte años después, ya con dinero y estabilidad económica, pero con algo que ya no podían recuperar: el tiempo.
Todas esas experiencias me han llevado a preguntarme: ¿por qué hacemos arte?
Creo que el verdadero artista tiene una necesidad intrínseca de crear. No depende únicamente del reconocimiento, del dinero, del estatus social o de la posibilidad de vivir económicamente de su trabajo. Existe una necesidad interna de expresarse, de comunicar algo que muchas veces ni siquiera puede explicarse con palabras.
El arte más allá del dinero
Muchos esperan que consigamos “trabajos de verdad”. Para algunos, dedicarse al arte parece una pérdida de tiempo si no produce inmediatamente un ingreso. Pero quienes hemos decidido recorrer este camino sabemos que buscamos algo más. Queremos dejar un legado, una huella, una idea, una emoción. Queremos, de alguna manera, transformar la sociedad a través de lo que hacemos.
Sea que nos reconozcan o no, tengamos dinero o no, vivamos en Honduras, España, Japón o en cualquier otro lugar del mundo, esa necesidad permanece. En lo personal, desde donde me encuentre, trataré de seguir incorporándome a cuestiones culturales, artísticas y educativas, porque entiendo que esa también es una manera de participar en la construcción de la sociedad.
Antes de comenzar una obra
Pero hacer arte no comienza cuando tomamos un pincel, un instrumento, una cámara o nos paramos frente a un escenario. Antes de comenzar una obra existe un trabajo mental intenso.
Antes de pintar, por ejemplo, pienso: ¿cómo será mi obra?, ¿qué tamaño tendrá?, ¿dónde la veo?, ¿a qué tipo de personas estará dirigida?, ¿qué precio tendrá aunque nadie la compre?, ¿a quién invitaré a la exposición?, ¿en qué lugar me gustaría exponerla?, ¿qué composición tendrá?, ¿qué reacción provocará? Incluso puedo llegar a imaginar cómo aparecerá en un periódico o cuál podría ser el titular cuando alguien escriba sobre ella.
El mensaje de la obra
Pero, por encima de todas esas preguntas, existe una que considero fundamental:
¿Cuál es el mensaje de esta obra?
Ahí comienza realmente el proceso. Porque el arte no debería ser solamente producir objetos bonitos o demostrar una habilidad técnica. También es pensar, cuestionar, investigar, sentir, comunicar y provocar una reacción en quien observa, escucha o experimenta la obra.
Hace algunos años, mientras estudiaba mi licenciatura en la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán de Honduras, tuve la oportunidad de actuar y participar junto a grandes personas y artistas en la dirección de un cortometraje que, visto desde la distancia, describe muchas de las ideas que hoy estoy tratando de expresar. Se titula “Orfeo en el Cerro de Plata”. La historia aborda, desde la ficción y el lenguaje cinematográfico, algunas de esas tensiones entre el arte, los sueños, las circunstancias y la realidad.
Les dejo el enlace para quienes quieran verlo:
Mantener la dirección
Volviendo al camino del artista, hay otra cosa que considero fundamental: mantener la dirección.
Muchas personas opinan sobre tu vida, sobre tu arte y sobre tu obra. Algunas lo hacen con buenas intenciones y te ofrecen consejos que parecen razonables. Sin embargo, incluso un buen consejo puede desviarte de tu camino si no sabes quién eres, qué estás buscando y por qué comenzaste.
Constancia, disciplina y sacrificio
Mantenerse enfocado no es fácil. Es realmente complicado.
Por eso algunos sobresalen y otros quedan en el olvido. No necesariamente porque unos tengan talento y otros no, sino porque el camino artístico exige constancia, disciplina, capacidad de sacrificio y, muchas veces, la fortaleza para continuar cuando nadie está mirando.
También conozco grandes artistas que llevan treinta o cuarenta años pintando y que todavía no tienen el reconocimiento que merecen. Sin embargo, día tras día se levantan orgullosos de su obra y continúan trabajando. Esa imagen me parece profundamente poderosa.
Porque también eso es ser artista: continuar creando incluso cuando el mundo todavía no ha aprendido a mirar.
El artista y la dignidad de su trabajo
Ahora bien, tampoco quiero romantizar la pobreza ni convertir el sufrimiento del artista en una especie de virtud. No creo que pasar hambre haga a alguien mejor artista, ni que la precariedad económica sea una condición necesaria para producir una obra valiosa.
El artista merece vivir dignamente de su trabajo.
Por eso sueño con sociedades que comprendan que la cultura y el arte no son un lujo, sino una parte fundamental de la identidad, la educación, la memoria y la historia de un pueblo. Sueño con políticas culturales capaces de reconocer y apoyar económicamente el trabajo de los artistas, como sucede en algunos países que han creado programas de apoyo para quienes desarrollan una trayectoria artística.
Necesitamos que el trabajo silencioso de tantos creadores sea reconocido. Necesitamos comprender que detrás de una pintura, una canción, una película, una obra de teatro, una fotografía o una escultura existen años de aprendizaje, sacrificio, investigación y trabajo.
¿Por qué hacer arte?
Hacer arte tampoco significa necesariamente esperar que el mundo nos reconozca. Significa asumir la responsabilidad de crear aun cuando el reconocimiento tarde en llegar o quizá nunca llegue.
Entonces, ¿por qué hacer arte?
Porque necesitamos hacerlo.
Porque algunos nacimos con esa necesidad de crear, de comunicar y de transformar. Porque hay ideas que necesitan convertirse en imágenes, sonidos, palabras, movimientos o historias. Porque queremos dejar algo de nosotros en este mundo.
Quizás algunos artistas lograrán vivir de su obra. Otros tendrán que trabajar en diferentes oficios para sostenerse mientras continúan creando. Algunos serán reconocidos durante su vida y otros serán descubiertos décadas después. Algunos tendrán grandes exposiciones y otros trabajarán en silencio durante cuarenta años sin recibir jamás el reconocimiento que merecían.
Pero mientras exista esa necesidad de crear, el artista seguirá adelante.
Y aunque nadie compre nuestra obra, aunque nadie escriba sobre ella, aunque nuestro nombre nunca aparezca en los grandes libros de historia, seguiremos teniendo algo que decir.
Y mientras tengamos algo que decir, habrá una razón para hacer arte.
Jonarte Rodríguez
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